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Carta
abierta a la Xunta de Galicia
Nota:
Como sabéis, tras los hechos del parador, varios Lebunes
pusieron sendas reclamaciones. A una de ellas, la
de Todoenorden, respondió la Xunta. En la carta indican
la "no procedencia" de la reclamación y el "archivo
de las actuaciones" después de comprobar que el parador
nos devuelve los 75 euros del ala. La carta es muy
correcta. Viene escrita en gallego con traducción
al castellano, lo cual me parece muy bien y lo respeto,
aunque creo que es una absoluta pérdida de tiempo
y dinero escribir las cosas en dos lenguas, cuando
en una era suficiente, pero hay que reconocer que
les asiste todo el derecho y no tengo nada que decir
sobre el tema. Todoenorden ha decidido finalmente
no contestar. En su lugar lo hago yo, pero no les
envío la carta, que la podrían interpretar en términos
ofensivos... y nada más lejos de mi intención. Sólo
he tratado de divertirme un rato, aunque, éso sí,
diciendo la verdad, y de que os divirtáis un poco,
aunque no sé si lo conseguiré. Si la Xunta la lee,
sólo espero que no se ofendan...
Carta
abierta a la Xunta de Galicia, Consellería de Cultura
, Comunicación Social e Turismo.
Muy
Sres. míos:
Me
permito dirigirme a Uds. pues, si bien su carta iba
dirigida a mi mujer, me siento involucrado en el asunto
al ser yo el que en su momento provoqué las reclamaciones
contra el Parador de marras. Y dado que mi mujer ha
optado por no contestarles ("si les contesto les pongo
a caer de un burro", me dice) me permito hacerlo yo;
realmente tendrían Uds. una reclamación mía si el
Parador hubiera tenido suficientes hojas de reclamaciones...
se acabaron cuando yo la pedí.
Les
haré traducción simultánea al andalú, con aire gaditano,
pero primero escribiré en nuestra lengua
común y luego en la mía; Uds. lo hacen
al revés, lo cual me parece una falta de
respeto -la idea original no es mía; un algecireño
contestó años ha de esta manera a
un organismo catalán-:
(ojú, quillo, qué lío; mi mujé no vaacontehttá,
pero yo no pueo dehá éso asin, que vá trato má malo
que me dieron la hente esaelparaó.)
Tengo
la impresión de que Uds. no han entendido nada. No
se trataba de que me devolvieran los 75 euros de la
cena de tres críos que, efectivamente, los devolvieron.
No nos sentimos satisfechos con éso (era lo mínimo,
sin duda).
(Uhttede
vohotro no entienden ná de ná; yo no quieo pa ná
lo 75 ebro éso, aunque me tomaré un shato con bienmesabe
a la salú der jefe y der metreelparaó.)
Entiendo
que el prestigio de los paradores nacionales es mucho
y se lo han ganado merecidamente. Mi experiencia siempre
ha sido muy satisfactoria: buenas instalaciones, trato
excelente, comida exquisita.
(Ojú,
mi arma, lo bien que me loh pasao yo en lo paraores
de toa Ehpaña. Güena comía, la habitasión mu grande
y mu bien amueblá; y el servisio, ojú, qué servisio:
paresía unounmarqué. Cuando fui con mi muhé a Santiago
hasta me dieron la suite reá y tó. ¡Vá espelote,
pisha, un luho alarcanse de mu poca hente!. Mi contraria
y yo paresíamo unoh reye, ojú)
Lamentablemente
no fue el caso del Parador de Ribadeo. Yo propuse
a un grupo familiar cenar allí. Fuimos 55 adultos
y tres críos. Era la cena que cerraba un acontecimiento
familiar de todo un fin de semana y que resultó en
un éxito absoluto. Me pareció el Parador un buen escenario
para el broche final. Contaba con que el prestigio
que les precedía iba a ayudarme a cerrar brillantemente
las jornadas.
(Yo
me dihe: po vamo al mejón sitio der pueblo pa la
sena de gala. Joé qué luho: el paraó. Voy a queá
de cohones con tormundo. Me vanafelisitá y tó)
No
sé si en las reclamaciones (no pude presentar la mía
como les indico) alguno de los comensales manifestó
su descontento por la calidad de la comida o se limitaron
a reclamar exclusivamente por el cobro abusivo de
tres cenas de niños. En cualquier caso, se lo comento
yo. Habíamos encargado un menú que nos pareció típico
de la tierra y que imaginamos de calidad. Pero no
fue así.
(Yo
quise reclamá, ma aquella hente mala no me dehó.
"No quean hohas" me disen y, ale, se quean tan frehco.
Y asín no púe queharme de la comía, que fue
una m...)
Éso
sí, la cena fue servida con eficacia y con rapidez.
Tanta que, apenas acababa uno de terminar el primer
plato cuando ya estaban sirviendo el segundo... sin
dejar saborear el primero. Aunque, la verdad, poco
había que saborear. La calidad brilló por su ausencia.
(¡Va
cashondeo! Verán uhttede vohotro: daperitivo, ná
de ná. Qué sosoh, pisha. Ni un mar fino que yevarte
al gaznate, quillo. Aluego, nos pusieron a toa leshe
un pahté de yerba que no sabía a ná, y dehpué un
ossobuco que ni er osso yogui con loh año que tié.
Tó hueso y la poquita carne que se podía encontrá
má dura que la gayina que me daban en la mili. Ojú,
un desahtre. Vamo, pa no vorvé).
En
fin, señores, una cena que iba a ser el brillante
cierre a unas brillantes jornadas familiares terminó
casi en tumulto. Cuando me pasaron la cuenta, le hice
ver al maitre que no podían cobrar lo mismo por la
cena de los niños que por los adultos.
(Y
er metre empeñao en cobrá to, lo mihmo a lo niño
ca lo mayore. Y no se pierdan er menú infantí: un
casho hamón, que ésoh dirán que era pata negra,
un casho salshishó y ensalaíya. Cuatro mí pela por
do lonsha... ámo ya, se creen qunohtonto).
El
maitre, inflexible, me dijo que éso era lo que había
encargado y que tenía que cobrarme todo. En primer
lugar, éso no es cierto; yo había encargado cena para
unas 55 personas, aproximadamente, y algunos críos.
Y había pedido precio especial para el menú infantil
a lo que me dijeron que sí, aunque sin darme precio.
El maitre fue inflexible. Y ahí empezó todo.
(Dehpué
de un tira pisha, corta cohone, me tuve queíhsinpagá.
O pensé, pero no tuve güevo pacehlo; ma eh lo que
la hente esa se meresía; eh que ni siquiera noh
invitaron a una copa dehpué de la opípara sena;
ni pidieron dihcurpas, ni ná de ná. Ojú, qué malage
de hente, quillo)
Lamento
profundamente los acontecimientos. Pero lo que más
lamento es el favoritismo de esa Consellería de Turismo
que da el tema por zanjado al serme devueltos 75 euros.
La dirección del parador es responsable de la calidad
del servicio y de la atención al cliente que fue,
sin duda, penosa. No se trataba de 75 euros. Se trataba
de que apercibieran seriamente al director del establecimiento.
Pero, en fin, allá Uds. Seguirán teniendo un mal parador
con una mala dirección en un lugar espléndido. ¡Qué
pena!
(Totá:
un desahtre y un cashondeo; el paraó y el directó
se van de rositas y uno cabreao, sin poé reclamá
y dando esplicasione a toa la familia. O sea, que
NUNCA MAIS vorveré ayí. Éso no eh un paraó ni eh
ná; eh una cueva de sinvergüenssa, éso sí, mu traheao,
pero que nohaben lo que eh tratá ar cliente. Y vosotro
loh de la Hunta ya podéi espabilá: jaciendo asín
lah cosahehtta sos vai a quedá máh solo que la una).
Muy
atentamente,
(Mu
atentamente,)
Miguel
Pardo de Donlebún Quijano
(Migué
Pardodonlegún Quihano)
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