Maricarmen, Ila

El pasado 21 de febrero de 2008 falleció María del Carmen Quijano Sánchez

Se incluyen la esquela, la palabras escritas por su nieto Jorge, las palabras de su nieto Ignacio Arévalo Pardo de Donlebún, las palabras de su hijo Miguelón y la oración que a ella le gustaba y que se cantó cuando sus hijos trasladaban el féretro.

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Palabras a Ila, escritas por su nieto Jorge Rodríguez Pardo de Donlebún y leída en el funeral por su nieta Beatriz Rodríguez Pardo de Donlebún

"Ila, nuestra gran abuela, ya te echamos de menos.

Nosotros, tus nietos, queremos decirte que no dejaremos de contar contigo. En cada paso de nuestras vidas estarán tus consejos, tus besos, tus cuentos, tu sonrisa, tu aliento, tu fe y tu gran hacer.

Cómo no echarte de menos. Sólo decirte que no te olvidaremos y que siempre, siempre te querremos. Dale un beso a Ilo e Ignacito, y un gran abrazo al Cartero.

Ya te echamos de menos,

Tus nietos."

 


Ignacio Arévalo Pardo de Donlebún le dedicó también unas palabras, recordando los treinta años que vivió con su abuela y lo que había disfrutado con ella, con su tremendo cariño.

Palabras de su hijo Miguelón, en la misa corpore in sepulto, en nombre de todos sus hermanos

"Muchas gracias a todos, en nombre de mis hermanos y en el mío propio, por acompañarnos en estos momentos.

Mi madre, Maricarmen, tía Maricarmen, Ila, mamá, ha sido una mujer única, incomparable. Ha dedicado su vida entera a sus trece hijos, renunciando a la suya propia.

Desde que me dió a luz a mí hasta que nació la pequeña, Isabel, cuando estuvo a punto de irse, pero entonces el cariño que nos tenía a todos se lo impidió, y Dios no quiso, no vivió más que para su marido y sus hijos.

A papá lo lloraba todas las noches. Después, según contó a una de mis hermanas, se acordaba de cada uno de nosostros, de sus nueras, de sus yernos, y de todos sus nietos. ¡No es de extrañar que, a veces, tardara tanto en dormirse, con tantos como somos...!

A uno de mis hermanos le dijo, cuando ya veía cerca su final. "¡Ah, si yo os contara...! Podría escribir un libro."

Sí, habría podido escribir un libro sobre la generosidad, la entrega, la bondad, el amor, la fe, la abnegación..., un libro con todo lo que ella ha sido toda su vida.

Ya descansó, dejándonos su ejemplo. Ya está, como ella quería, con su marido Nariso y su hijo Ignaciuco.

Dios la habrá acogido en su seno, digo yo, porque, si no la acoge a ella, ¿a quién podría acoger?

Mamá, descansa ya. Y sé feliz, sé feliz eternamente."

La oración que a ella le gustaba y que se cantó cuando sus hijos trasladaban el féretro.

 

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